miércoles, 26 de noviembre de 2014

4-VIII-2012 EL SEÑOR BALAITUS Este sería mi segundo tres mil, nada más y nada menos que el Balaitus, un montazo se mire por donde se mire. No hay subida fácil para coronar su cima. Ha dia de hoy lo he ascendido dos veces, esta que relato y este año por la arista Costerillou. La ruta propuesta para ese día era subir por la Gran Diagonal y bajar por la brecha Latour y así cerrar una preciosa circular. Viernes tarde a dormir en La Sarra y al día siguiente para arriba. Dicho y hecho. El grupo en esta ocasión formado por Bea, Rubén, Karolo, Pelos, Carlos y el que escribe.
Se puede ver que no era broma lo de montazo. ¡Vaya estampa!
Ibón Chelau que desagua hacia los ibones de Arriel.
Lo cierto es que es un desnivel considerable el que se supera y para cuando se llega al ibón Chelau cuesta lo suyo y no hay otro descanso que el tránsitop por los ibones de Arriel.
Parada obligada para tomar un piskolabis.
Aunque el día no estaba del todo bueno nos respetó la actividad. Justo antes de meternos en la Gran Diagonal Rubén propuso, a quien le apeteciera, subir por la arista Pucket Russell. Al final sólo yo me animé y la verdad que disfruté como un enano. Me parece una magnífica alternativa a la Gran Diagonal pues es un terreno mucho más franco y menos descompuesto. Se puede subir bien en ensamble con seguros intermedios. Con un manojo de friends suficiente. Al final en un horario similar todos nos reagrupamos en la cima.
El grupo en la cima. A destacar el arnés tanga de Karolo y el casco de bicicleta que me gastaba por aquellos tiempos de pionero, antes de sucumbir al mundo del pijismo montañeril.

Esta fue la primera y única vez que tuve ocasión de ir con Karolo al monte. De él había oído muchas historias y anecdotas de sus buenos amigos antes de este día en el Balaitus. ¿Mi recuerdo de ese día? Un tío super sociable, simpatico, todo el rato con la sonrisa en la boca, muy hablador y generoso por lo que vi. Bueno y un puto makineta. Subió con unas jodidas playeras, seguro que de última generación, sin parar de hablar y con las manos en los bolsillos.

En fila india y tranquilicos camino de la brecha Latour.
Es lo que tiene ser un tío duro, mientras algunos aliviamos la vegija en estos momentos tensos otros marcan músculo en el máxilar y se fuman el que pueda ser el último cigarro.

La bajada de la brecha Latour en tres rápeles fue un verdadero asco. No quedaba ni gota de nieve y está todo absolutamente roto, de tal forma que es imposible no bombardear al que está por debajo. Es increible que esta brecha a esta altitud este llena de tierra tan suelta y que contiene los obuses que comento.
La susodicha seca, seca, seca.

Una vez abajo de la brecha ya descenso tranquilo e interminable hasta La Sarra.

La arista del Diablo. Esta para cuando seamos mayores.

Carlos camino de Respomuso con su motorico de gasoil. ¡Qué tío! Tranquilo pero siempre constante.
El Pelos, melena al viento, desciende gallardamente con el refugio a la vista.

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